Salud y Nutricion ***

 

domingo, enero 29, 2006

La lechuga

Con la llegada del calor y del buen tiempo nuestro organismo no necesita tantas calorías como en invierno, donde hay que soportar el frío. Por el contrario, nuestro cuerpo pide más agua y líquido para hacer frente al sudor y a la deshidratación de los meses más calurosos. De esta manera, los guisos y potajes abren paso a platos más ligeros y refrescantes, como por ejemplo, las ensaladas, el plato estrella del verano.

Por eso el ingrediente principal de una sana y fresca ensalada es la lechuga. Esta verdura, de origen indio y utilizada por los romanos, alcanza un contenido de agua del 95%, y posee 1,2 gramos de proteínas cada 100 gramos, lo que provoca que el organismo aguante con resistencia las altas temperaturas. Asimismo, aporta una elevada cantidad de vitaminas a la dieta, sobre todo vitamina A y C. En su composición mineral llama la atención el bajo contenido en sodio y el alto en hierro. Además, sus escasas grasas, lo convierte en un alimento ideal para aquellas personas que desean realizar un régimen hipocalórico, ya que tan sólo tiene 17 calorías por cada 100 gramos.

Por otro lado, la lechuga ha sido utilizada por la medicina natural para combatir las malas digestiones y la halitosis, así como la neuritis y el insomnio. Y también se ha recomendado para mantener el color natural del los cabellos y para luchar contra la calvicie.


TRUCOS Y CONSEJOS

-Para lavarlas bien, corte el tronco y vaya separando las hojas con la mano y lavándolas de una en una bajo el grifo de agua, luego métalas unos instantes en agua con un chorrito de limón o vinagre. Así, desaparecerán todos los bichitos que estuvieran en su interior.
- Para conservarlas en la nevera, envuélvalas en un paño fino y bien limpio o métalas en un saco de plástico fino de los que se utilizan para congelar.
- Recuerde que unas hojas de lechuga añadidas a una menestra de verduras le darán un sabor buenísimo.



http://www.hola.com/

Saludos afectuosos
Dr. José Manuel Ferrer Guerra

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sábado, enero 28, 2006

Recetas para alargar la vida

El sistema inmunitario protege al organismo de una amplia variedad de agentes infecciosos, desde bacterias, virus y hongos hasta parásitos y otras sustancias extrañas, que pueden desencadenar enfermedades más o menos graves. Para que este escudo funcione hay que alimentarlo bien.
Las denominadas defensas orgánicas son capaces de identificar al agente agresor e iniciar respuestas encaminadas a contenerlo y eliminarlo. Además de atacar a los distintos microorganismos que nos invaden, arremeten contra las células que se degeneran y pueden producir cánceres.

Cuanto más se consigue mantener a punto y en un nivel elevado este sistema defensivo, más se neutraliza o evita la agresión de los agentes infecciosos. Y para reforzar esa protección natural lo mejor es seguir una alimentación rica en vitaminas, minerales, proteínas y nutrientes aliados del sistema inmunitario.

Para Gregorio Mariscal Bueno, médico experto en dietética y nutrición, "tan importante como conocer los nutrientes que potencian la inmunidad es saber cómo preparar los platos y reducir al mínimo la pérdida de sus cualidades nutritivas y aprovechar sus vitaminas, minerales y ácidos grasos al máximo".

Para conseguirlo, el experto recomienda aprovechar el caldo de la cocción, que contiene los nutrientes que se desprenden de los alimentos al cocerse y utilizar una tapadera para recuperar el vapor condensado, rico en elementos nutritivos.

"Es mejor cocinar al vapor que hervir los alimentos, porque así se pierden pocos minerales, oligoelementos y vitaminas", señaló.

La más mínima deficiencia en cualquiera de los nutrientes que mantienen las defensas en alto, reduce su capacidad de combatir a los invasores externos y venenos internos. Para evitarlo hay que incluir regularmente en la dieta alimentos que los contienen:


Protección antiinfecciosa

La vitamina A ayuda a mantener saludables las membranas mucosas de los ojos, nariz, boca, pulmones y tracto gastrointestinal, al formar una barrera contra las bacterias y virus que invaden el organismo, además de cumplir un papel importante en la producción de los anticuerpos que luchan contra los invasores externos. Si no recibe la suficiente, el cuerpo puede disminuir la producción de las células inmunológicas y se eleva el riesgo de padecer cáncer. Se obtiene de los alimentos de origen animal y de los carotenoides, unas sustancias vegetales que el cuerpo convierte en vitamina A. Otras fuentes son las frutas y verduras de color verde oscuro y naranja brillante, así como las ostras, la mantequilla, la leche entera y las yemas de huevo.


Los folatos

Se trata de un amigo de los anticuerpos. Dondequiera que las células se multipliquen rápidamente, allí están implicados estos compuestos derivados del ácido fólico, una vitamina B. Los folatos contribuyen a producir anticuerpos, las sustancias defensivas que reaccionan contra los elementos atacantes de nuestro organismo, causando una respuesta inmunitaria, además de prevenir las infecciones. Abundan en las espinacas, la col rizada, los nabos verdes y la lechuga romana, al igual que en los espárragos, judías y legumbres, zumo de naranja, cacahuetes y fresas. El ácido fólico también está presente en productos de la dieta como panes, cereales y pastas enriquecidas con esta vitamina.


Vitamina C

Es el tónico inmunitario. Cuando una persona sufre estrés físico, una infección, fiebre, corre más de 8 kilómetros por día o se expone a temperaturas bajas, el ácido ascórbico ayuda a su cuerpo a fabricar fagocitos, unas células que atrapan y digieren las partículas nocivas o inútiles para el organismo, así como tiroxina: una hormona que acelera la acción de las células T, encargadas de reconocer a los organismos invasores.

La vitamina C es un antioxidante que nos protege del daño celular que puede conducir al cáncer o a los trastornos cardiovasculares. El zumo de naranja, el kiwi, el brécol y las fresas aportan cantidades considerables de este compuesto.

Contra las defensas

El tocoferol (vitamina E) ayuda al cuerpo a producir anticuerpos y a que las células T ataquen a los microorganismos invasores. Una deficiencia leve de vitamina E deteriora la respuesta inmunitaria, mientras que una dosis extra de tocoferol parece potenciarla. Además, este nutriente es un potente antioxidante. Las semillas de girasol, las almendras, las nueces y los granos integrales, las aves, el pescado, los huevos, el aderezo de las ensaladas, el aguacate, el brécol, los aceites vegetales y la margarina, contienen abundante tocoferol.


Amigo de las células

El cobre participa en la maduración de los glóbulos rojos, de las células linfáticas que intervienen en las reacciones inmunitarias y las células sanguíneas que repelen las infecciones bacterianas. Incluso una carencia leve de cobre reduce la producción de células inmunitarias y daña su capacidad de matar a los microorganismos invasores. El hígado de vaca o pollo, las semillas de girasol, así como las judías, los cangrejos, ostras, cereales, nueces, frutas y los riñones contienen cantidades apreciables de este mineral.


Magnesio

Regula el tráfico inmunitario. Imprescindible para la actividad de más de 300 enzimas, este mineral influye en el funcionamiento, desarrollo y distribución de las células inmunitarias, aunque buena parte de la gente no suele consumir el suficiente a través de la alimentación. Las verduras de hoja verde oscuro, espinacas, frutos secos, plátanos, legumbres, granos y productos integrales y el chocolate son buenas fuentes.


Mantener las defensas

El zinc ayuda a que las células se reproduzcan, una función crucial tanto para repeler un catarro o una gripe como para prevenir un cáncer o trastorno coronario. Los mariscos, como la ostra o el cangrejo, las carnes rojas, los cereales integrales, al igual que las legumbres, semillas de girasol, cacahuetes, el hígado de cerdo y vaca, y la pasta de soya lo contienen en abundancia.

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miércoles, enero 25, 2006

La avena

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La avena es uno de los cereales más completos. Por sus cualidades energéticas y nutritivas ha sido la base de la alimentación de pueblos y civilizaciones coma los escocesa, irlandesa y algunos pueblos de las montañas Asiáticas.

La avena: es rica en proteínas de alto valor biológico, hidrato de carbono, grasas y un gran número de vitaminas, minerales y oligoelementos.

Proteínas: cuanto más elevado es el numero de aminoácidos esenciales presentes en un alimento, mayor es su valor biológico; y la avena contiene seis de los ocho aminoácidos imprescindibles para la síntesis correcta de proteínas.
La combinación de la avena con diferentes alimentos vegetales, mejora aún más su proporción de aminoácidos, aproximándola a la ideal para el organismo.
Ejemplo: la adición de leche o soja complementan perfectamente la calidad de la proteína de la avena, con todos los aminoácidos necesarios para el organismo, en este sentido, la avena es superior a otros cereales como fuente de proteínas.

Lípidos: La avena es el cereal con mayor porcentaje de grasa vegetal. El 65 % es de ácidos grasos insaturados y el 35% de ácido linoleico. Cien gramos de copos de avena cubren un tercio de nuestras necesidades diarias de ácidos grasos esenciales.

Hidratos de Carbono: La avena contiene hidratos de carbono de absorción lenta y de fácil asimilación. Estos proporcionan energía durante mucho tiempo después de haber sido absorbidos por el aparato digestivo, evitando la sensación de fatiga y desmayo que experimenta cuando el cuerpo reclama glucosa de nuevo (hipoglucemia).

Vitaminas, minerales y oligoelementos: La avena contiene estos elementos en concentraciones óptimas, tanto para curar como para prevenir.
100 g de avena contienen: 5mg. de sodio, 400mg. de potasio, 70mg. de calcio, 430mg. de fósforo, 140mg. de magnesio, 4mg. de hierro, 0,47mg. de cobre, 4mg. de cinc, 0,56mg. de vitamina B1, 0,15mg. de vitamina B2, 1mg. de vitamina B3 y 0,16mg. de vitamina B6. También 1,1mg. de vitamina E.

Fibra: Además de estos componentes esenciales, la avena contiene otros elementos no tan importantes desde el punto de vista nutritivo, pero necesarios para el buen funcionamiento intestinal.
Se trata de sustancias insolubles que, ingeridas con la alimentación, no se absorben en el intestino. Sin embargo, estas sustancias resultan de una extraordinaria importancia para la buena digestión. Es lo que normalmente conocemos como 'fibra'. La fibra aumenta el contenido del intestino, con lo cual ayuda a prevenir como a eliminar el estreñimiento.

Fuente de energía: Otra de las características reconocidas de la avena es su valor como fuente de energía y vitalidad. Eso hace que sea el alimento ideal para quienes desean aumentar su capacidad energética: los estudiantes, las personas que se encuentran abatidas, sin fuerzas, con permanente sensación de sueño, sin ilusión o con stress permanente.
Si usted es una de esas personas, consuma platos elaborados con avena a partir de ahora, y verá como su capacidad energética aumenta.

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domingo, enero 15, 2006

Nutrición para neuronas

Quiere aumentar su inteligencia y preservar su salud mental? ¿Desea vencer el estrés y la ansiedad? ¿Le gustaría tener la receta para levantar su humor y desterrar los momentos de desánimo? ¿Se pregunta cómo puede conseguir un buen sueño nocturno? ¡Entonces, nutra su mente!
Para los expertos en medicina nutricional, lo que la mayoría de la gente logra intelectual, social y emocionalmente está por debajo de su verdadero potencial, pero una alimentación apropiada puede aumentar su inteligencia, mejorar su estabilidad emocional, reforzar su memoria y mantener joven su mente.

Según estos especialistas, una correcta combinación de nutrientes funciona mejor para las neuronas que los fármacos y carece de sus efectos secundarios, y muchas de las enfermedades mentales que hacen que la gente acuda a las consultas de psiquiatría pueden evitarse, aliviarse o curarse cambiando los hábitos alimenticios y con el apoyo de suplementos nutricionales.

"Sólo tiene un cerebro, cuídelo", señala el psicólogo experimental Patrick Holford, fundador del Instituto para la Nutrición Optima de Estados Unidos y autor del libro Nutrición óptima para la mente, en el cual brinda una serie de claves para pensar, recordar y sentirse mejor.

Según Holford, el modo en que cada uno piensa y siente depende directamente de lo que come, mientras que la mayoría de los problemas psicológicos pueden resolverse o aliviarse ayudando a la terapia psicológica, por medio de una correcta nutrición. El experto dice que hay cinco tipos de nutrientes que mantienen una salud mental de primera.


Datos clave

Para Holford los alimentos ricos en hidratos de carbono de liberación lenta, que el cuerpo transforma en glucosa, son el mejor combustible para el cerebro y el sistema nervioso, porque no forman sustancias tóxicas en el organismo, y liberan su energía de una manera constante y paulatina.

Engrase su cerebro. Si se le quita el agua, el cerebro está formado en 60% de grasas, algunas de las cuales, como los ácidos omega-3 y omega-6, son esenciales tanto para prevenir dolencias como el Alzheimer o la depresión, y sacar el máximo provecho a la inteligencia. En cambio, el exceso de otras grasas, como el colesterol o las saturadas, es nocivo.

Fosfolpidos, las moléculas de la memoria. Son grasas inteligentes que ayudan a fabricar la mielina que recubre los nervios, favoreciendo que las señales lleguen sin problemas al cerebro, no sólo mejoran el humor, refuerzan la mente y optimizan el rendimiento intelectual, sino que además protegen frente al declive de la retentiva y el mal de Alzheimer.

Aminoácidos para los mensajes cerebrales. Estos compuestos, que son los ladrillos con los que se construyen las proteínas, mejoran la capacidad de comunicación interna del cerebro, y su deficiencia puede ocasionar depresiones, incapacidad de relajarse, mala memoria y falta de concentración. Si las palabras con que se comunican las neuronas y nervios entre sí son unos mensajeros químicos llamados neurotransmisores, las letras con las cuales éstos se forman son los aminoácidos.

Nutrientes que afinan la mente. Igual que en una producción artística donde trabajan numerosos asistentes detrás del escenario para respaldar a los intérpretes, sucede en el cerebro con las vitaminas y minerales, que ayudan a que la glucosa se transforme en energía, los aminoácidos en neurotransmisores, las grasas esenciales en otras más complejas, como el GLA o las prostaglandinas, y la colina y la serina en fosfolípidos. Estos nutrientes contribuyen a construir y reconstruir el cerebro y el sistema nervioso y permiten que todo funcione sin sobresaltos.


La dieta más sana

Para garantizar un buen aporte de los cinco compuestos que alimentan el sistema nervioso y eliminar aquellos que lo perjudican, tanto para curar el cerebro, mejorarlo o evitarle problemas, Holford ha establecido diez reglas que deben aplicarse a la dieta cotidiana y que incluye la ingesta de alimentos integrales, comer diariamente frutas y hortalizas, ofrecer al organismo cereales completos y evitar el azúcar en todas sus formas y las comidas fritas o procesadas.

Adicionalmente, se recomienda combinar los alimentos calificados como proteínas con los carbohidratos y consumir pescados de especies carnívoras, así como huevos de granja, semillas y aceites de semillas.

http://caracas.eluniversal.com

Saludos afectuosos

Dr. José Manuel Ferrer

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La cerveza; contra el cáncer y la impotencia

Ser un practicante de los rituales que impone la cerveza puede tener como beneficio extra el de mejorar la salud. Bebida con moderación, la ingesta de una de las bebidas más consumidas en el mundo se transforma en un antídoto para enfermedades graves.

Según una serie de estudios científicos, la ceremonia de sentarse al atardecer a beber una fresca y sabrosa cerveza puede tal vez fijar las grasas y no ayudar a perder peso, pero colabora, por ejemplo, a no perder masa ósea.

La documentación acreditada por los especialistas asegura que el consumo de cantidades moderadas de cerveza tiene un efecto saludable en el ser humano.

Investigadores de la Universidad de Oregón probaron que las altas propiedades estrogénicas del lúpulo de la cerveza, más potentes que las de la soja, pueden hacer que se utilice en el futuro en lugar de la terapia hormonal sustitutiva. Relacionando ello con el riesgo de osteoporosis, algunos fitoestrógenos del lúpulo de la cerveza son especialmente activos para evitar las pérdidas óseas.

Otros datos compilados en el portal Vida Saludable aseguran que, siempre en prudentes cantidades, ayuda a disminuir el riesgo de formación de cálculos renales y hepáticos.

Existen investigaciones en la que se comprobaron las propiedades anti-cáncer de los componentes de la cerveza. El lúpulo (una planta trepadora de la familia de las cannabinaceas que se cultiva principalmente para elaborar cerveza por su poder de amargor), por ejemplo, contiene flavonoides que inhiben ciertos tipos de cánceres en cultivos celulares.

En el mismo rubro, un grupo de científicos japonés estudió 27 diferentes tipos cervezas en todo el mundo y encontró que contenían potentes sustancias inhibidoras contra diversos carcinógenos producidos durante la cocción de los alimentos. También la cerveza muestra un efecto protector frente a la bacteria Helicobacter pylori, causante de muchos cánceres de estómago.

Fuente de juventud

Respecto al envejecimiento y deterioro mental, también existen datos a favor del consumo moderado de cerveza. Algunos se deben a su efecto dilatador sanguíneo, sus propiedades diuréticas y su ayuda para mejorar el sueño.

Al respecto, una investigación realizada en la Universidad de Indiana sobre 4000 parejas de hermanos varones gemelos descubrió que, entre ellos, los bebedores moderados de cerveza lograron mayores puntuaciones en las pruebas de capacidad mental que los no bebedores o los muy bebedores.

Otro estudio realizado en Holanda arrojó como resultado que los bebedores moderados de cerveza tenían un menor riesgo de contraer la enfermedad de Alzheimer.

El doctor Pavel Zemek, investigador del Centro Checo de Gerontología, descubrió en la cerveza un dato clave para los hombres: beber dos latas diarias retrasa la impotencia.

Alegría al corazón

Uno de los últimos descubrimiento acerca de las propiedades curativas de la cerveza fue publicado recientemente por la revista New England Journal of Medicine y asegura que disminuye el riesgo de ataques cardíacos.

Sí, para felicidad de los adoradores de la “birra”, la investigación –realizada durante 12 años sobre 38.077 hombres- arrojó que quienes consumen un mínimo de cuatro cervezas (pequeñas) semanales tuvieron un 33 % menos de posibilidades de sufrir paros cardíacos.

En tanto, otra investigación realizada en la Universidad de Emory durante un período de 14 años que entre hombres y mujeres con una edad media de 74 años, dio como resultado que aquellos que bebían al menos una lata io diaria tenían entre un 20 y 50% menos de riesgos de sufrir un infarto cardíaco.

Según las explicaciones científicas la ingesta moderada de cerveza incrementa los niveles de ácido fólico y de antioxidantes y disminuye los de colesterol y de fibrinógeno, todo lo cual favorece la salud cardiovascular.

En el mismo campo de riesgos cardiovasculares, un trabajo norteamericano sobre mujeres posmenopáusicas encontró que el consumo de una lata de cerveza a diario disminuyó el colesterol malo y aumentó la concentración del colesterol bueno.

Con tanto respaldo científico, que mejor que disfrutar de una buena cerveza fría y asegurarle al cuerpo y el corazón larga vida.

Fuente: VidaSaludable.com

http://www.infobae.com/



Saludos Afectuosos
Dr. José Manuel Ferrer Guerra

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Te Negro

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Existen cuatro tipos principales de té: blanco, verde, rojo y negro, si bien sus múltiples variedades dan lugar a más de 3000 clases distintas.

Hasta el siglo XVI solo se producía té verde, pero el crecimiento del mercado obligó a los productores a investigar nuevos métodos de conservación para evitar que éste perdiese sus cualidades durante su almacenamiento. De este modo descubrieron que si lo secaban, lo dejaban fermentar y luego lo horneaban para evitar su descomposición, el té se conservaba en óptimas condiciones durante mucho más tiempo. Es así como surgió el té negro.


El té negro, un té fermentado

Los tés se obtienen del árbol del té (Camelia Sinensis o Thea Sinensis). El té blanco, a partir de las yemas que se dejan marchitar; el verde, té no fermentado, a partir de la hoja que se cuece y se seca al fuego para detener su fermentación; el té rojo, semifermentado, se obtiene a partir de las hojas que se secan al aire libre durante un periodo breve de tiempo para controlar su fermentación; y por último el té negro, fermentado, a partir de hojas secas que se dejan fermentar y se vuelven a secar.


Las propiedades del té negro

Antioxidante
El té negro posee polifenoles. Se trata de sustancias con acción antioxidante que protegen al organismo frente a la acción nociva de los radicales libres, que debilitan el sistema de defensas y aceleran el proceso de envejecimiento. También se sabe que el consumo de antioxidantes ayuda a reducir el riesgo de enfermedades como las cardiovasculares, las degenerativas e incluso ciertos tipos de cáncer.
Astringente
Los taninos son componentes del té que le confieren su característico sabor amargo. Poseen un efecto astringente, por lo que su consumo es beneficioso en caso de diarrea y de otros trastornos digestivos como la gastritis entre otros.
Diurético
El importante efecto diurético del té ayuda a la eliminación del exceso de líquidos junto con sustancias de deshecho del organismo.
Reconfortante y bajo en calorías
Si se le añade poca azúcar o nada de azúcar se obtiene una bebida que, con pocas calorías, aporta una agradable sensación de saciedad (lo caliente sacia más que lo frío), por lo que constituye una alternativa saludable frente a las refrescos azucarados.
Estimulante
Igual que el café, el té es una buena bebida estimulante que contribuye a despejar la mente y despertar el organismo.


Algunas curiosidades

Sri Lanka e India son los principales países productores de té negro. Éste posee un aroma intenso en todas su variedades, si bien el té negro "Earl Grey" es una de las más aromáticas al poseer esencia de bergamota; una fruta obtenida del cruce entre la lima y la naranja amarga.


El té negro en la cocina

Cualquier hora del día es un buen momento para tomar una taza de té negro y disfrutar de su intenso aroma y sabor. No obstante, los amantes de esta bebida han de saber que su empleo en diferentes recetas hace que los platos ganen en sabor y que adquieran aromas sorprendentes.
Éste es el caso de la "salsa de té negro y miel", elaborada con ingredientes como zumo de naranja, ajo y por supuesto miel y té negro "Earl Grey".
También se puede preparar una taza de "ponche de té negro helado" con un poco de zumo de naranja y limón, azúcar y unas hojas de menta fresca.
El "Masala chai" es otro modo diferente de disfrutar del té negro que se prepara con especias como la canela o el jengibre y con un poco de leche.
Incluso puede emplearse un poco de té negro para aromatizar unos canapés de champiñones e incluso una ensalada de pepino, aportando un toque diferente de aroma y sabor.

http://www.consumer.es

Enviado por Dr. José Manuel Ferrer Guerra

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Las amigas del riñón

El sistema urinario limpia los materiales de desecho de nuestro torrente sanguíneo, depura el agua y las sustancias tóxicas que han sido ingeridas y las excreta con la orina. También desempeña una función hormonal, permite controlar la tensión arterial, ayuda a la médula ósea a crear glóbulos rojos, activa la producción de vitamina D y genera prostaglandinas, indispensables para controlar la inflamación y aliviar el dolor.

Ante trastornos renales y urinarios leves y moderados la toma de plantas puede ser una buena opción con escasos si no nulos efectos secundarios. El valor terapéutico de las plantas diuréticas se aprovecha además para tratar otras dolencias que requieran depuración y eliminación, por eso suelen incluirse en tisanas de formulaciones complejas.

Maíz.- La cabellera del maíz relaja las vías urinarias y las aleja de las infecciones, ejerce un efecto tonificante sobre los riñones y ayuda a eliminar ácido úrico y urea por la orina. Alivia las afecciones renales o urinarias moderadas o leves, la hiperuricemia, la presencia de cálculos renales, la gota y la hipertensión arterial asociada a trastornos renales. En caso de hipertensión o insuficiencia renal o cardiaca es preciso consultar previamente con el médico.

Esparraguera.- Es un excelente remedio para estimular la emisión de orina y aliviar la retención de líquidos. Por eso se recomienda en caso de embarazo, menopausia y personas obesas que se vean afectadas por este síntoma. Se indica también si hay edema, una micción escasa o ausencia de ella, e inflamación en el tracto urinario con infección leve.

Gatuña.-Las raíces y sumidades floridas actúan como un poderoso diurético, idóneo en caso de presentar niveles altos de ácido úrico, pero también para regular la tensión sanguínea, prevenir y eliminar los cálculos renales y biliares, y para aliviar la gota y la retención de líquidos. Se ha destacado su eficacia contra los edemas o retenciones de líquido e hidropesía, muchas veces vinculada a inflamaciones renales o nefritis. La gatuña ejerce además una moderada acción protectora sobre el hígado y la vesícula. Su acción antiséptica también es útil para prevenir la cistitis crónica.

Borraja.- Por su valor antiinflamatorio, la borraja puede tratar la nefritis y la inflamación del tracto urinario. Es hipotensora, reduce los niveles de ácido úrico y urea, y resulta un apoyo efectivo contra la gota y los dolores articulares. Regula además el sistema hormonal y el metabolismo.

Brecina.- Aumenta la diuresis, por lo que resulta útil en caso de retención de líquidos, oliguria, gota e hipertensión arterial. Pero sobre todo se indica para neutralizar los focos de infección localizados en el tracto urinario, como la cistitis, la uretetiris o la pielonefritis.

Buchú.- Sus hojas combaten las infecciones en el tracto urinario, como la pielonefritis la ureteritis, la uretritis, la prostatitis y la cistitis o infección de la vejiga. Rebaja la inflamación y evita las micciones dolorosas. Es un diurético de efecto rápido y un buen apoyo en caso de edema, gota e hipertensión arterial.

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El nabo

El nabo es una hortaliza de raíz, que pertenece a la misma familia que las coles, las crucíferas. La importancia de dicha familia de verduras reside en que contienen unos compuestos de azufre, considerados como potentes antioxidantes que ayudan a prevenir enfermedades.



¿Que aspecto tiene?


Su carne, de color blanco, está cubierta por una piel fina de color amarillo o blanco que, en ocasiones, puede llegar a presentar una coloración verde o púrpura en el extremo superior. Puede presentar forma redondeada, aplanada o cilíndrica.



Cuando comprarlo


Debido a las variedades existentes hoy día de nabos, se pueden comprar en cualquier época del año, si bien cobran mayor presencia en nuestros mercados durantes los meses de otoño.



Una hortaliza baja en calorías


Se trata de una hortaliza de escaso aporte calórico, ya que posee abundante cantidad de agua y un bajo contenido de hidratos de carbono. Es buena fuente de fibra que mejora el tránsito intestinal y que nos protege contra determinadas enfermedades. Respecto al contenido vitamínico, aporta una apreciable cantidad de vitamina C y de folatos, mientras que contiene cantidades discretas de vitaminas del grupo B (B6, B3, B1 y B2). Además carece de provitamina A y de vitamina E, abundantes en otras verduras y hortalizas. En cuanto a su composición en minerales, el más abundante es el potasio, seguido del calcio, el fósforo y el yodo.



¿Cómo cocinarlo?


Algunas variedades del nabo pueden consumirse crudas resultando muy sabrosas, sin embargo lo más frecuente es cocinarlos para acompañar generalmente a platos de arroz y legumbres. Antes de ser consumidos, los nabos se lavan y se cepillan para eliminar posibles restos de suciedad. Si son pequeños, frescos y no presentan la piel dura, no es necesario pelarlos.
El empleo de los nabos en diferentes guisos, hace que estos platos tengan un sabor más suave.
Además una vez cocido, forma parte del popular cocido madrileño junto a la patata y la zanahoria.
Sus hojas, "conocidas como grelos", también pueden consumirse cocinándose de modo similar a las espinacas o como ingrediente en crudo en diversas ensaladas.

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jueves, enero 12, 2006

Fortalecer nuestros huesos con una buena alimentación

La osteoporosis es una enfermedad en la que tiene lugar una reducción de la masa ósea, por lo que la fragilidad de los huesos aumenta y por tanto el riesgo de sufrir una fractura es mayor. Las mujeres son quienes mayor incidencia de osteoporosis presentan, sobretodo tras la menopausia donde tiene lugar una pérdida de masa ósea principalmente trabecular, es decir, en la parte interior del hueso.


Influencia de la vitamina B12


Las mujeres presentan una posibilidad cuatro veces mayor a la de los hombres de desarrollar osteoporosis. Sin embargo los resultados obtenidos en un reciente estudio llevado a cabo por científicos del Servicio de Investigación Agrícola de Estados Unidos, indican que la deficiencia de vitamina B12 está asociada con una baja densidad de los huesos tanto en hombres como en mujeres. Si bien, el mecanismo por el que tiene lugar esta asociación no se conoce.

La ingesta recomendada de vitamina B12 para adultos, tanto hombres como mujeres, es de 2´4 microgramos (la milésima parte de 1 gramo) diarios. En principio llevando a cabo una dieta variada y equilibrada que incluya cantidades suficientes de carnes, pescados, huevos y lácteos, no tiene porqué existir una deficiencia de esta vitamina. Sin embargo, la falta de ácido clorhídrico en el jugo gástrico que suele asociarse al envejecimiento, puede reducir la capacidad de absorber dicha vitamina.


No olvidar otros nutrientes


Calcio

Para evitar la aparición de osteoporosis es importante que exista una ingesta suficiente de calcio a lo largo de la vida. Para asegurar el aporte dietético de calcio es necesario tomar como mínimo dos raciones al día de lácteos u otros alimentos que sean buena fuente de dicho mineral (soja y sus derivados, "leches" vegetales, sésamo fermentado, etc.). En raciones habituales de consumo, una ración de lácteos se traduce en un vaso de leche, dos yogures, dos petit suisse, cuatro quesitos, 40 gramos de queso curado ú 80 gramos de queso fresco.

Vitamina D

Esta vitamina favorece la absorción de calcio por lo que contribuye a la mineralización de los huesos y dientes. También moviliza los depósitos de calcio de los huesos para mantener un nivel adecuado de este mineral en la sangre.
Fuentes dietéticas: aceite de hígado de bacalao, pescado azul, yema de huevo, hígado, lácteos enteros o enriquecidos, mantequilla y nata.

Fósforo

Este mineral interviene en la formación, desarrollo y mantenimiento de huesos y dientes. El fósforo y el calcio se encuentran en equilibrio en el organismo, ya que la abundancia o la carencia de uno afecta la capacidad de absorber el otro. Por tanto, el exceso de fósforo produce una menor asimilación de calcio, lo que puede provocar la desmineralización del hueso.
Fuentes dietéticas: alimentos ricos en proteínas como carnes, pescados, huevos, quesos y otros lácteos y derivados de estos alimentos. También abunda en las frutas secas y los frutos secos, los cereales integrales y las legumbres.

Magnesio

El magnesio es un mineral que también forma parte de nuestros huesos. Además interviene en las acciones de la parathormona (hormona que regula el equilibrio de calcio y fósforo en el organismo) y de la vitamina D en el hueso.
Fuentes dietéticas: carnes, marisco, lácteos, frutos secos y granos de cereales integrales.

Flúor

La mayor parte del flúor se encuentra en los huesos en forma de una sal denominada "fluorapatito", fundamental para conservar la dureza del esmalte de los dientes y para mantener estable la matriz mineral de los huesos. Además las sales de flúor a nivel óseo contribuyen a aumentar la densidad del hueso, ya que constituyen puntos sobre los que comienza el proceso de cristalización mineral.
Fuentes dietéticas: agua, pescado, té negro y marisco.

Silicio

El silicio posee la función de estimular las células que participan en la formación de huesos y cartílagos, por lo que contribuye a combatir la osteoporosis.
Fuentes dietéticas: agua mineral, café, cerveza y alimentos ricos en fibra como los cereales integrales.

Llevando a cabo una alimentación variada y equilibrada, se asegura el aporte de cantidades suficientes de todos estos nutrientes de gran importancia para el mantenimiento de la salud ósea.

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lunes, enero 09, 2006

Vitamina K

La vitamina K es una vitamina liposoluble, es decir, soluble en grasa. Fue descubierta en Dinamarca y designada como vitamina K por la palabra danesa koagulation.
Las formas naturales de esta vitamina son las filoquinonas. Éstas sustancias están presentes en los alimentos y se designan como vitamina K1. Las menaquinonas o vitamina K2, son producidas por nuestras bacterias intestinales. Por último, la menadiona o vitamina K3, es un compuesto sintético.



¿Cuáles son sus funciones?

La función más reconocida de la vitamina K es la que la relaciona con la coagulación de la sangre, de ahí que se la denomine también “antihemorrágica”. Esta vitamina participa en la formación de varios factores de coagulación, unos componentes proteicos necesarios para que haya una coagulación sanguínea adecuada.

Además, la vitamina K interviene en el metabolismo óseo ya que la osteocalcina, una proteína específica del hueso, requiere de vitamina K para su maduración.



Causas y consecuencias de su deficiencia

La deficiencia de vitamina K no es común en el ser humano. No obstante, esta deficiencia se relaciona con una absorción insuficiente de grasas o lípidos y con la destrucción de la flora intestinal que puede darse como consecuencia de la toma de antibióticos durante largos periodos de tiempo o a consecuencia de ciertos trastornos de salud.

La hemorragia es el signo predominante cuando existe una carencia importante de vitamina K, y en los casos más graves su consecuencia es una anemia que puede causar la muerte. Cuando la deficiencia de esta vitamina es leve, no se producen signos clínicos.




¿Puede causar toxicidad?

No se ha demostrado que las filoquinonas (vitamina K1) y las menaquinonas (vitamina K2) produzcan toxicidad. Sin embargo la menadiona (vitamina K3) sí puede ser tóxica, pues dosis excesivas (cantidades superiores a 1000 veces las recomendadas), pueden causar ictericia (pigmentación amarilla de la piel y las mucosas) en lactantes.




Alimentos en los que abunda

La vitamina K se encuentra principalmente en vegetales de hoja verde como coles de Bruselas, nabos, brócoli, espinacas y lechuga, entre otros.

Los cereales también contienen vitamina K pero en cantidades inferiores, mientras que la carne, los huevos y los lácteos (leche, yogur, queso...) poseen cantidades variables de esta vitamina.




Cantidades necesarias

El requerimiento alimentario recomendado para la vitamina K es de 1 microgramo por kilo de peso y por día. Si bien la mitad de dicha cantidad se consigue gracias a la formación de vitamina K por parte de nuestras bacterias intestinales. Por tanto, una persona de 75 kilos de peso necesitaría 75 microgramos diarios de vitamina K, de los cuales aproximadamente la mitad debieran de proceder de la dieta.
Si se tiene en cuenta que por lo general 100 gramos de vegetales de hoja verde (lechuga, brócoli, coles de Bruselas..) contienen más de 80-100 microgramos de vitamina K, se deduce que no es difícil aportar al organismo las cantidades que necesita de esta vitamina si se lleva a cabo una alimentación equilibrada que incluya cantidades suficientes de todos los grupos de alimentos.

http://www.consumer.es/


Saludos Afectuosos
Dr. José Manuel Ferrer

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