Salud y Nutricion ***

 

martes, septiembre 16, 2008

Beber una o dos copas diarias de vino de calidad tiene efectos antidepresivos

AGENCIAS. 15.09.2008


* Lo afirma el catedrático de Psiquiatría Enrique Rojas.
* Es antioxidante, bactericida y normalizador de la tensión arterial.
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El catedrático de Psiquiatría de la Universidad Complutense y presidente de la Fundación para la Investigación del Vino y la Nutrición (FIVIN), Enrique Rojas, sostiene que un vino de calidad de entre 11 y 13 grados tomado con moderación es un alimento, pero también un antidepresivo.

Rojas ha presidido hoy en Logroño un acto de adhesión de un centenar de ayuntamientos riojanos, alaveses y navarros a la declaración Vino, Nutrición y Salud, impulsada por la FIVIN. Rojas ha subrayado que el vino tiene efectos beneficiosos desde el punto de vista físico y psicológico tomado con moderación, que él entiende como una o dos copas diarias de un vino de calidad.

Autor de varias publicaciones sobre temas clínicos, humanísticos y de ensayo, Rojas sostiene que el vino, entre otras propiedades físicas, es antioxidante, bactericida, normalizador de la tensión arterial e hipoglucemiante. También ha elogiado sus beneficios psicológicos y, como tal, lo ha calificado de antidepresivo.

Estimulante

"Es un elevador del tono vital porque actúa sobre el ciclo metabólico del azúcar y los neurotransmisores cerebrales: la serotonina, la dopamina y la adrenalina", ha apostillado Rojas. Otra de las propiedades psicológicas que este médico atribuye al vino es su efecto ansiolítico, ya que "disuelve las tensiones emocionales", sin olvidar que produce "un aumento de la capacidad de comunicación y de pensamiento" de la persona.

"El vino es un estimulante", ha subrayado Rojas, que ha reprobado la campaña antialcohol que impulsó el anterior Ministerio de Sanidad, presidido por Elena Salgado, y que incluyó el vino.

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sábado, septiembre 13, 2008

La dieta mediterránea reduce la prevalencia de muertes de los pacientes con enfermedades graves, según expertos

Según explicaron, la dieta mediterránea se caracteriza por ser rica en aceite de oliva, cereales, fruta, frutos secos, verdura, pescado, y baja en carne, productos lácteos y alcohol

Madrid, 12 septiembre 2008 (mpg/AZprensa.com)

La dieta mediterránea puede ser una herramienta efectiva para prevenir el riesgo de mortalidad de los pacientes con enfermedades graves como el cáncer, Parkinson, Alzheimer y otras afecciones coronarias, según los datos de un estudio realizado por expertos de la Universidad de Florencia (Italia), y que ha sido publicado en 'www.bmj.com'.

El equipo de investigación evaluó 12 estudios internacionales, que incluían el seguimiento de los hábitos alimenticios de más de 1,5 millones de participantes en períodos de los tres a los 18 años.

Los expertos observaron que la gente que presentó una adherencia estricta a la dieta mediterránea experimentó mejoras en su salud. A su vez, descubrieron una reducción del 9 por ciento en la mortalidad general, del 9 por ciento en los fallecimientos por problemas cardíacos, del 13 por ciento en la incidencia del Parkinson y Alzheimer, y del 6 por ciento en cáncer.

Según explicaron, la dieta mediterránea se caracteriza por ser rica en aceite de oliva, cereales, fruta, frutos secos, verdura, pescado, y baja en carne, productos lácteos y alcohol.

Los autores concluyeron que los resultados de este estudio son importantes para la salud pública, y en particular para reducir las muertes prematuras en la población general.


http://www.azprensa.com/

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lunes, septiembre 08, 2008

Flavonoides en los alimentos

La diversidad estructural de estas sustancias y su diferente disponibilidad en los alimentos no permite generalizar sus efectos y eficacia de forma aislada e individual

Según la última revisión publicada en "Americal Journal of Clinical Nutrition", el incremento en el consumo de flavonoides procedentes del chocolate, la soja o el té verde podría reducir la tensión sanguínea elevada y mejorar la salud cardiovascular. Sin embargo, no se puede decir lo mismo de los flavonoides procedentes de otras fuentes alimentarias, ya que aunque son sustancias químicas de la misma familia, su estructura química es distinta y no hay evidencia científica de los efectos y la eficacia de todos ellos de forma aislada e individual.

Si bien un amplio abanico de estudios experimentales ha relacionado el aumento del consumo de flavonoides de distintas fuentes -cítricos, variedad de vegetales, vino, café, té y chocolate- con la reducción del riesgo de contraer enfermedades como el cáncer, enfermedades cardiovasculares y la diabetes, aún falta mucho camino científico por recorrer. Queda pendiente determinar qué sustancias de este tipo son interesantes para la salud según su procedencia alimentaria y definir las dosis adecuadas y seguras de su consumo, sobre todo en el caso del tratamiento o la prevención de enfermedades.

Estudios rigurosos

En el meta-análisis publicado el pasado mes de julio en "American Journal of Clinical Nutrition", los investigadores aseguran que no hay una evidencia científica suficiente como para avalar la eficacia de los más de 6.000 flavonoides identificados en distintos alimentos en las últimas décadas. Es decir, en muchas informaciones se habla del poder antioxidante o de la capacidad cardiosaludable de los flavonoides en general. Sin embargo, y según la investigación, la diversidad estructural de estas sustancias y su diferente disponibilidad en los alimentos no permite generalizar sus efectos. Es preciso analizar los efectos fisiológicos y sanitarios de cada uno de ellos, según su procedencia y su concentración en los alimentos.

En esta investigación se han obtenido datos de 133 estudios rigurosos en los que se han descrito un amplio abanico de efectos sobre el organismo de los flavonoides, dependiendo de la naturaleza del compuesto y de la fuente alimentaria de procedencia. Por ejemplo, los flavonoides del chocolate se asocian con una mejora en la circulación sanguínea y una reducción sustancial de la tensión. Igualmente, se ha demostrado que los flavonoides del té verde ayudan en la reducción de los niveles de LDL colesterol en sangre, al igual que la proteína de soja, rica en isoflavonas.

No obstante, faltan trabajos científicos que demuestren los efectos de estos compuestos químicos de forma aislada y en la cantidad que contienen naturalmente los alimentos. En la mayoría de estudios se investiga a partir de productos alimenticios con una alta proporción de estas sustancias.

Teniendo en cuenta que el cacao y el té verde también contienen sustancias cardioprotectoras como la teobromina, minerales como el potasio y el magnesio, es difícil dilucidar, aseguran expertos de la División de Nutrición Humana de la Wageningen University (Países Bajos), la naturaleza de los efectos hipolipemiantes o antihipertensivos que se observan tras la ingestión prolongada en el tiempo de estos alimentos y si estos efectos saludables se pueden atribuir a los flavonoides o a la suma de las distintas sustancias que componen dichos alimentos.

Tipos de flavonoides

Según los expertos del Departamento de Fisiología de la Universidad de León y del Hospital de León, la contribución de los flavonoides al potencial antioxidante de la dieta humana es importante. Aunque los hábitos alimenticios son muy diversos en el mundo, el valor medio de ingesta de flavonoides se estima en unos 23 miligramos al día, siendo predominantes los flavonoles, especialmente la quercitina. Las fuentes alimenticias principales de los flavonoles son, entre otras, el té negro, las cebollas, las manzanas y bebidas alcohólicas como el vino o la cerveza. Teniendo en cuenta que el consumo medio de sustancias antioxidantes tan valoradas como la vitamina C es de entre 70-100 miligramos al día y el de la vitamina E, de entre 7-10 miligramos diarios, se puede considerar como relevante la contribución de los flavonoides como antioxidantes a la dieta.

En general, los flavonoides se encuentran de forma natural en frutas, verduras y hortalizas, semillas y flores, así como en la cerveza, el vino, el té verde, el té negro y la soja. De los más de 6.000 identificados destacan los citroflavonoides, entre los que se encuentran la quercetina, hesperidina, rutina, naranjina y limoneno. Todos ellos se encargan de dar color o sabores característicos a alimentos tan variados como las cebollas, el brécol, cerezas, uvas, naranja, lima y limón. Otro grupo muy conocido son los isoflavonoides de la soja, entre los que destacan las isoflavonas, presentes tanto en la legumbre como en todos sus derivados como el tofu, la proteína vegetal texturizada o la leche de soja, entre otros.

Las proantocianidinas y las antocianidinas se localizan en las semillas de las uvas las primeras y las segundas en las cerezas, a las que confieren el color rojo y rojo azulado característico. Los tés verde y negro son conocidos por su contenido en catequina y los puerros, rábanos, endibias y remolacha por su riqueza en kaemferol, otro tipo de flavonoides antioxidante.

Uso y abuso

Los flavonoides protegen al organismo del daño producido por agentes oxidantes, como los rayos ultravioletas, la polución ambiental, sustancias químicas presentes en los alimentos, los compuestos químicos tóxicos del tabaco, etc. El organismo humano no puede producir estas sustancias químicas protectoras, por lo que deben obtenerse mediante la alimentación.

Debido a las propiedades que se les atribuyen y al avance científico que desde los años 90 se está dando en este campo, el mercado de los complementos dietéticos dispone de una amplia oferta de estas sustancias que están a la venta por sus efectos beneficiosos en la protección frente a enfermedades degenerativas, osteoporosis o enfermedad cardiovascular y en el alivio de los síntomas de la menopausia entre otros.

Teniendo en cuenta que en la actualidad es bastante disperso y confuso el conocimiento que se tiene sobre la biodisponibilidad de estas sustancias, muchas de las cuales podrían ser poco o nada absorbibles por el organismo, es aconsejable ser prudentes con su consumo y acudir al consejo profesional antes de tomar este tipo de productos. Además, se desconoce si los flavonoides consumidos a ciertas dosis y durante períodos de tiempo prolongados pueden dar lugar a efectos adversos a largo plazo.


http://www.consumer.es/

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sábado, septiembre 06, 2008

Confirman que papas fritas tienen sustancia cancerígena

BERLÍN.- Las papas fritas de bolsa y caseras podrían contener una sustancia cancerígena denominada glicidamida, según comunicaron científicos de la Universidad Técnica de Múnich (TUM, en alemán).

Hasta la fecha, se conocía que la glicidamida era obtenida por el cuerpo al metabolizar el hígado la acrilamida, que es, a su vez, otra sustancia química que se encuentra en las papas fritas y otros productos que han sido freídos a altas temperaturas.

Pero dicho estudio alemán han confirmado algo que se sospechaba desde hace tiempo: que la glicidamida también se genera en la preparación de fritos a altas temperaturas.

Al igual que la acrilamida, esta sustancia supuestamente cancerígena se produce a partir de que el aceite supera los 120 grados centígrados, aunque las concentraciones realmente peligrosas se cree que empiezan a partir de los 180º.

Los científicos -que analizaron diez tipos de papas fritas de bolsa o “chips”, tres tipos de papas listas para freír y papas fritas al estilo casero- hallaron glicidamida en concentraciones entre los 0,3 y los 1,5 microgramos por kilogramo, mientras que las de acrilamida era de 300 a 600 microgramos por kilo.

A pesar de la diferencia de las cantidades, los científicos han evaluado que la presencia de la glicidamida es significativamente más peligrosa para la salud humana que la de la acrilamida.

Teorías de refuerzo

Incluso otro estudio realizado por científicos de la Universidad de Kariserslautern reveló que hasta los niveles más mínimos de glicidamida han generado mutaciones a nivel celular en animales.

Por otro lado, la TUM también ha abierto otra vía de investigación al revelar que los productos fritos con aceites no saturados, como el de girasol, contienen más glicidamina que los que fueron cocinados con aceites saturados.

Esto desbarata la fama que tienen los aceites poliinsaturados de ser más saludables para la salud humana por su alto contenido en Omega 3 y Omega 6 que los saturados.

Recomendación

Los expertos recomiendan, al igual que en el caso de la acrilamida, cocinar los alimentos con temperaturas más moderadas, siguiendo la consigna de “dorar y no carbonizar”, con tiempos de fritura cortos y no superiores a los 175 grados de calentamiento.



Enviado por Dr. José Manuel Ferrer Guerra

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