Salud y Nutricion ***

 

viernes, noviembre 27, 2009

Las frutas, ¿con piel o sin piel?

Cuando se pelan pierden parte de sus nutrientes, pero también los pesticidas que acumulan

Las frutas, además de contener minerales, azúcares y diferentes compuestos, son alimentos ricos en vitaminas y fibra. Estos nutrientes se localizan tanto en la pulpa como en la piel, aunque esta última acumula en general mayor cantidad de fibra insoluble y ciertas vitaminas. Cuando las frutas se consumen peladas, parte de estos nutrientes se pierden, pero se evitan también los pesticidas que se acumulan en la parte externa y que se eliminan al lavar las piezas antes de su consumo.

* Última actualización: 26 de noviembre de 2009

Concentración de fibra

La piel es la parte de la fruta con mayor concentración de fibra, si bien la pulpa carnosa también es fuente de pectina o fibra soluble. Este nutriente es esencial en la dieta debido a las propiedades beneficiosas que tiene para el organismo. Además de incrementar la sensación de saciedad, favorece el mantenimiento y el desarrollo de la flora intestinal, contribuye a que la bilis sea más soluble, ayuda a regular el nivel de glucosa y colesterol en sangre, combate el estreñimiento y previene incluso el cáncer de colon.

Su contenido en las frutas puede disminuir de forma significativa al pelarlas. En el caso de las manzanas, se pierde alrededor de un 11% de fibra y en las peras, hasta un 34% o más. En las frutas que se consumen sin piel, como los cítricos, hay que retirar la cáscara justa para eliminar la menor cantidad posible de piel blanca, ya que es pura fibra.

Respecto a los zumos, resultan más nutritivos cuando se consumen con pulpa, puesto que al retirar la piel ya se pierde bastante fibra.

Pérdida de vitaminas

Las frutas aportan a la dieta cantidades significativas de vitamina C, beta-caroteno o pro-vitamina A y folatos. En general, parte de éstas desaparecen también al pelar las frutas. Los cítricos (naranja, mandarina, pomelo, lima, limón), las fresas, las frutas tropicales (kiwi, papaya, piña, mango, litchi...), el melón, la frambuesa o la manzana son las más destacadas en vitamina C. La mayor parte se comen peladas ya que su cáscara es demasiado dura, pero no conviene seguir esta práctica en las frutas de piel blanda, como la manzana, sino lavarlas y consumirlas en su estado original. El contenido de vitamina C en estas piezas es de tres a cinco veces mayor que en la pulpa.

Una cuidadosa higiene

Es frecuente pelar las frutas para eliminar impurezas, gérmenes y pesticidas que puedan acumularse en el exterior. Sin embargo, para evitar ingerir residuos es recomendable un lavado meticuloso de las piezas con agua. Las más pequeñas y delicadas, como fresas o frambuesas, se pueden dejar en remojo unos minutos y escurrirlas. Si se comen frutas grandes como el melón o la sandía, se aconseja lavarlas con abundante agua y frotarlas con un cepillo de uso exclusivo antes de trocearlas.

Con independencia de la fruta que se consuma, conviene lavarse las manos con agua y jabón (mejor si éste tiene también propiedades desinfectantes) antes de tocarlas y hacer lo propio si después se van a manipular alimentos cocinados. Asi se limita el riesgo de posibles contaminaciones cruzadas.

LA MANZANA

En una fruta como la manzana, comerla con o sin piel puede no ser un capricho sino una necesidad para adaptarla a la dieta en casos particulares. Con piel es útil para tratar el estreñimiento porque se aprovecha toda la fibra. Si se pela, se ralla y se deja oscurecer hasta que aparecen los taninos de la manzana por oxidación -compuestos que le dan el carácter astringente-, resulta útil en caso de diarrea.


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martes, noviembre 17, 2009

Nuevo concepto de dieta vegetal: "plant-based diet"

Una alimentación basada en productos de origen vegetal contiene propiedades antiinflamatorias y moduladoras del sistema inmune

Las organizaciones que trabajan en la promoción de la salud y que recomiendan una "plant-based diet" cada vez son más numerosas: Organización Mundial de la Salud, Fundación Mundial para la Investigación del Cáncer, Instituto Americano para la Investigación del Cáncer y Academia Americana de Pediatría. Las ventajas abarcan la prevención cardiovascular o frente al cáncer, además de otras dolencias crónicas como la diabetes y algunas enfermedades degenerativas. Esta dieta, además, es más respetuosa con el entorno porque los costes ambientales asociados a la producción de alimentos cárnicos o pescados, e incluso de lácteos o huevos, son importantes.

* Autor: Por MARIA MANERA
* Fecha de publicación: 12 de noviembre de 2009

Perfil alimentario y nutricional

Los alimentos de origen vegetal son la base de una dieta "plant", aunque no de forma exclusiva. En las comidas diarias también son frecuentes los cereales integrales o poco refinados, otros alimentos farináceos como tubérculos, frutas y hortalizas, legumbres, hierbas aromáticas, especias y grasas vegetales. La carne, las grasas animales, el pescado, los lácteos, los huevos y otros alimentos procedentes del mundo animal se consumen en pequeñas cantidades y se concentran en días concretos, como los festivos. Las bebidas alcohólicas de baja graduación se reservan para ocasiones especiales.

Los perfiles nutricionales y la densidad energética son muy variables y dependen en gran medida de los alimentos que se ingieren. La cocina tradicional de la mayoría de los países cuya alimentación se basa en productos de origen vegetal combina a menudo cereales y otros farináceos con legumbres. Destacan platos como los frijoles con arroz del continente americano, las lentejas con arroz indias, el cuscús con garbanzos y verduras marroquí, el arroz con derivados de la soja típico de Asia o los potajes de legumbres y patatas acompañados con pan, característicos de la gastronomía mediterránea.

Cuando la oferta alimentaria es suficiente, también lo es la energía y las proteínas que proporciona la dieta (excepto en casos concretos, como los alimentos farináceos tipo yuca, muy bajos en proteínas). Respecto al aporte de calorías, tienden a ser pautas alimentarias de una densidad calórica más bien baja. Por otro lado, destaca la calidad nutricional que proporcionan las grasas vegetales, con predominio de las insaturadas, así como los niveles de vitaminas, minerales, oligoelementos y compuestos fitoquímicos.

Protección vegetal

Las enfermedades crónicas mencionadas son muy poco frecuentes en los lugares del mundo donde la alimentación se apoya en alimentos de origen vegetal. Por este motivo, también en los países occidentales, con la salud como objetivo principal, se recomienda cada vez más. La OMS afirma que cuantos más productos de origen animal se consumen en occidente, más tasas de enfermedades crónicas se registran.

Entre las diez principales recomendaciones del Instituto Americano para la Investigación del Cáncer y del Fondo de Investigación Mundial del Cáncer para la prevención de esta enfermedad, se subraya la necesidad de fundamentar la dieta en vegetales y limitar, en especial, el consumo de carne roja. La Asociación Americana del Corazón, por su parte, aconseja un menú compuesto por verduras, cereales y frutas.

Otras entidades de prestigio como la Sociedad Americana del Cáncer, los Institutos Nacionales de la Salud y la Academia Americana de Pediatría también defienden el consumo de plantas y sus subproductos, con el fin de reducir el riesgo de las enfermedades crónicas graves.

Estas recomendaciones se basan en estudios, como el recién publicado en la revista "International Journal for Vitamin and Nutrition Research" ("Anti-inflammatory effects of plant-based foods and of their constituents"), en el que se describe el papel antiinflamatorio e inmunomodulador de los nutrientes y compuestos no nutritivos (carotenoides y flavonoides, entre otros), habituales en los vegetales. Al ser la inflamación una condición patológica muy relacionada con la enfermedad cardiovascular, el cáncer y otros trastornos, una ingesta elevada de compuestos con actividad antiinflamatoria contribuiría a su prevención.

"Western diet"

La dieta occidental típica, conocida como "western diet", es muy densa en energía y está constituida cada vez más por alimentos procesados. Es rica en carnes, lácteos, alimentos grasos y azucarados como embutidos, pasteles, dulces, bollería y bebidas azucaradas. Contiene cantidades variables de frutas y hortalizas, mientras que el pan y los productos derivados de los cereales y patatas, muchos de ellos procesados con adición de azúcares y grasas, son la base de los alimentos farináceos.

Aunque es impreciso generalizar, puesto que el concepto de "dieta occidental" engloba patrones alimentarios muy variados de perfiles nutricionales diversos, las dietas más frecuentes en los considerados países ricos se asocian a una mayor prevalencia de sobrepeso y obesidad, diabetes tipo 2, enfermedad cardiovascular y cerebrovascular, algunos cánceres y otras patologías crónicas.

Beneficios más allá de la salud

Extender la "plant-based diet" a la población occidental no sólo mejoraría la salud humana. El planeta también sacaría provecho de este patrón alimentario, ya que los costes ambientales derivados de la producción de alimentos de origen animal son considerables. La ganadería es responsable en gran medida de los problemas de deforestación y destrucción de praderas, así como del 18% de las emisiones de gases de efecto invernadero, según datos de Naciones Unidas.

El gasto y contaminación del agua asociados a esta actividad son elevados, así como el consumo energético. Un estudio sobre la sostenibilidad ambiental de las dietas basadas en alimentos de origen animal comparadas con las de origen vegetal, publicado en la "American Journal of Clinical Nutrition", estima que la producción de 1 kilocaloría de proteína animal requiere alrededor de 25 kcal de energía fósil, mientras que la producción de 1 kilocaloría de proteína vegetal precisa tan solo 2,2 kilocalorías.

¿DIETA DE ELECCIÓN?

Se calcula que en el mundo hay alrededor de 4.000 millones de personas que siguen una "plant-based diet". La dieta mediterránea tradicional y la alimentación típica de Asia Oriental se fundamentan en alimentos de origen vegetal, así como la mayoría de las comunidades rurales de países con ingresos medios y bajos. Un alto porcentaje de personas que consumen este tipo de alimentos no lo hacen como una opción personal, a diferencia de quienes se deciden por las dietas vegetarianas, veganas y flexitarianas. Esto se explica porque gran parte de la población mundial se ve obligada a utilizar los animales para otros fines distintos a la alimentación y debe prescindir de los productos más caros, los de origen animal.

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sábado, noviembre 14, 2009

Siete falsos mitos sobre la leche

En un producto tan consumido a lo largo de la historia no es de extrañar que hayan surgido numerosas creencias falsas relacionadas con el consumo y las propiedades de la leche. Algunas han llegado hasta nuestros días.

Resulta beneficiosa para la piel. Nuestros antepasados relacionaron el consumo de leche con el rejuvenecimiento de la piel, al observar que la de los niños lactantes era suave y tersa. La realidad es que, aunque la leche tiene ciertas propiedades protectoras, pues de hecho se ha empleado mucho en cosmética, no por consumirla con mayor frecuencia se consigue un efecto real e importante sobre la dermis.

Es peligroso tomarla después de la lactancia. Desde hace ya unos años, existe una corriente de opinión que considera la leche un producto negativo. Los defensores de esta teoría argumentan que ningún mamífero vuelve a probarla después del destete y que el aparato digestivo del bebé está preparado para digerir la leche materna sólo durante la lactancia, ya que después desaparecen de manera natural las enzimas que la metabolizan. Se trata de unas afirmaciones falsas. Los animales no consumen leche porque no son ganaderos; de hecho no la desprecian cuando se la ofrecemos. Sí es cierto que las personas o los grupos sociales que no toman leche regularmente pierden las enzimas que la digieren, especialmente la lactasa, pero sólo por dejar de consumirla. Así, en los países nórdicos es raro ver intolerancias a la lactasa, mientras que en África se da justamente el fenómeno inverso. En España, este problema podría afectar hasta el 20% de la población.

Siempre hay que hervirla. La única leche que debe cocerse es la que se compra cruda, es decir, la que no ha sido sometida a ningún proceso de pasteurización o esterilización. Si se hierve en exceso, la leche pierde parte de su valor nutritivo, por lo que no hay que abusar del calentamiento intenso. Otra cosa es calentar el desayuno con el microondas, ya que esto no implica ninguna merma nutricional.

No se debe mezclar con frutas. Popularmente se acepta que la leche no debe combinarse con frutas ni zumos cítricos. En realidad, no existe ningún estudio serio que haya encontrado una sola razón para no hacer esta combinación. Quizás pueda justificarse por el hecho de que al mezclar, por ejemplo, zumo de naranja y leche, ésta normalmente se corta. Y existe la creencia errónea de que la leche cortada es insana. La leche se altera debido a que en ella crecen microorganismos que degradan la lactosa y producen ácido láctico. Cuando la concentración de éste empieza a ser elevada, las proteínas principales de la leche, las caseínas, son incapaces de mantenerse en solución y precipitan. Esto es lo que vulgarmente se conoce como cortado o cuajado dela leche. Estas bacterias acidificantes pueden ser peligrosas para la salud. Volviendo a la mezcla de zumo de naranja y leche, el ácido lo aporta la fruta. El efecto es el mismo, puesto que hemos acidificado la leche, pero la consecuencia es bien diferente. No existe ningún peligro para la salud, puesto que la causa no es de tipo microbiano, sino meramente física.

Encima de la leche nada eches. Según este dicho popular, después de beber leche no debe ingerirse nada, especialmente zumo de fruta, ya que hace que se corte en el estómago, lo que resulta peligroso para la salud. No tiene ninguna justificación. Se puede ingerir fruta o zumos a la vez que la leche, antes o después, sin que tenga que ser específicamente malo.

Cuanto más cara, más rica. Los precios de la leche son muy variables y dependen en gran medida de los fabricantes. Puede haber muchas marcas, pero fabricantes, es decir, centrales lecheras que garanticen el suministro, hay muy pocas. En muchos casos, se trata de marcas que crean una competencia en el mercado. Así, entre una leche entera de marca blanca, que se presentan con el nombre del supermercado, y la misma con marca comercial concreta puede haber una diferencia de 10 céntimos de euro, y esta misma diferencia se mantiene entre diferentes productos lácteos de distintas marcas. En este sentido, la diferencia de precio no está justificada. Se trata de una cuestión de marcas y de imagen, que también tiene un precio, pero no tanto por la calidad del producto en sí.

Si sabe podrida, la leche es de mala calidad. Aunque el tratamiento térmico de la leche es conservador respecto a la composición del producto, ocurre con relativa frecuencia que el calor causa una alteración que se conoce como gelificación de las leches conservadas. Esto ocurre porque se destruyen los microorganismos, pero no sus componentes, y especialmente sus enzimas, que pueden atacar las proteínas y la grasa lácteas. Como la leche posee una vida comercial prolongada, estas enzimas van actuando lentamente y destruyen en parte dichos componentes del alimento. La consecuencia es que al abrir el envase, ya sea un tetrabrik o una botella, se nota un sabor a podrido muy desagradable. Normalmente suele alarmar muchísimo al consumidor, aunque no tiene consecuencias.

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